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Lo cierto es que el titular debería rezar algo así: David Kirby’s Final Moments – Therese Frare, pero por avatares del destino esta imagen fue mucho más conocida cuando la cogieron Tibor y Toscani (editor de Colors y director de arte respectivamente en aquella época) y la convirtieron en el “escandaloso” icono de su campaña de 1992.

La imagen pertenece a la fotógrafa Therese Frare y originalmente fue tomada en blanco y negro, pero cuando Benetton le planteó la posibilidad de usarla como reclamo de una campaña aceptó la modificación. Lógicamente había que desvincularla de su “look” documental y acercarla a su fin publicitario: el cliente.

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Y aquí comienza la controversia que aún hoy colea cuando se hace mención a dicha campaña. Benetton también pidió permiso a la familia para usar la imagen. De hecho el propio David tenía el deseo expreso de que su enfermedad tuviese mayor difusión entre la sociedad de la época. Así que los unos se beneficiaron con un aumento de las ventas provocado por la polémica y… hay que ser justos, se lo gró que una sociedad que parece lejana pero que situamos hace poco más de 15 años debatiera sobre el SIDA. De ahí surge la información, el trato con personas y no con apestados, asociaciones que apoyan a las familias e investigaciones que mejoran su calidad de vida. Y como decía hay que ser justos: sin Benetton la imagen no hubiese tenido la repercusión que tuvo, ni hubiese servido de manera tan eficaz a la comprensión de la enfermedad. La polémica está servida.

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