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© Javier Bauluz

En esta ocasión la fotografía que os presento no obtiene su bagaje histórico del transcurrir del tiempo sino de los ríos de tintas, historias e historietas a las que dio lugar.

La imagen pertenece a un reportaje sobre la entrada de inmigración ilegal que se registra en nuestras costas y se posiciona sin ningún rubor denunciando la hipocresía con la que se vive en España y por ende en Europa. Tras su publicación en La Vanguardia y en The New York Times comenzaron a lloverle críticas por parte de algunos medios y llegaron a tildarla de falsa. Podéis leer los cruces de opiniones en esta dirección.

Cada uno tiene sus propias motivaciones para decir lo que dice y de la manera en que lo dice, y no quiero analizarlas aquí. Pero me interesa, de nuevo, la verdad que aporta la fotografía y las razones por las que se la tilda de falsa. Entendiendo que se ha realizado un encuadre a través de una lente (¿cómo si no hacemos una foto?) se dejan elementos fuera de él y se capta la imagen. Me vuelvo a repetir, pero es que no hay vuelta de hoja: el muerto estaba allí, y la pareja debajo de la sombrilla también. Lo único que hace el fotógrafo es registrar esta situación. Se ve claramente que no están disfrutando, pero están allí, y evidencian de manera contundente la postura hipócrita con la que la sociedad española mira de soslayo este problema. Lejos del uso de teleobjetivos para acercar los planos, o de encuadres rebuscados para eliminar a los agentes (claro que estaban, había un muerto!), lejos de toda esta literatura sinsentido puesta al servicio de la publicidad, lo cierto es que estaban allí, el muerto y la pareja de la sombrilla, como en la vida real.

No existiría la hipocresía de la que hablo sin el muerto, o sin la pareja observando bajo la sombrilla.


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